Cuando un catálogo está en fase de diseño, todo parece fácil:
una retícula clara, unas páginas tipo, una idea visual fuerte.
Pero luego llega el contenido real. Y ahí empieza el reto.
Los textos cambian de longitud.
Las imágenes no siempre encajan.
El cliente añade, quita, modifica.
Lo que era limpio empieza a tensarse.
Es justo en ese momento cuando entro yo.
Mi trabajo es maquetar con precisión para que el concepto del creativo no se pierda,
aunque el contenido no se adapte exactamente a lo previsto.
Ajusto lo necesario sin que se note.
Doy forma a lo que llega para que encaje sin forzar.
Soy creativa, pero ordenada.
Escucho al diseñador, al cliente, al contenido.
Y hago que todos convivan sin fricciones.
El resultado: un documento coherente, claro y fiel a la intención original.
Si eres diseñador o director de arte y necesitas que tu concepto siga vivo hasta la última página, escríbeme.
Todo se dibuja. Todo se maqueta.
