Vivo rodeada de pocas cosas.
No por tendencia, ni por estética.
Sino porque así puedo verlas mejor.
Un objeto que uso cada día.
Un cuenco de cerámica.
Una prenda que repito sin pensar.
Un dibujo colgado en la pared.
Un libro sobre la mesa.
Eso basta.
El espacio vacío no me molesta.
Al contrario. Me ayuda a observar.
Con el tiempo he aprendido que no necesito acumular para disfrutar.
Prefiero elegir menos, y quedarme con lo que realmente me acompaña.
En mi trabajo también sigo esa idea.
Dibujos en blanco y negro.
Sin adornos.
Ilustraciones que se detienen en lo esencial.
Diseño gráfico claro.
Ejecución precisa.
Porque cuando todo está en su sitio, hay espacio para respirar.
Vivir con menos no es renunciar.
Es afinar la mirada.
Todo se dibuja. Todo se ilustra. Todo se maqueta
