No me defino fácilmente. Durante el mundial del 98 era francesa. Durante el del 2026 española. La verdad es que soy las dos cosas a la vez, no a medias, sino una suma.
He crecido en Valencia. España me ha dado la luz del fuego, las tradiciones, la ilusión, una forma de vivir en lo festivo.
Luego he estudiado en París, en la escuela de artes aplicadas. Francia me ha dado una mirada, la de la elegancia en la simplicidad, una forma de entender la imagen que llevo muy dentro.

Y después he elegido el interior de Castellón. El monte, el silencio, un ritmo que no se parece a ninguno de los dos países que llevo dentro. Aquí he encontrado algo que los dos me habían preparado para apreciar pero que ninguno me había dado del todo.
Desde aquí trabajo con clientes de los dos países. A veces en francés, a veces en español. A veces nadie sabe muy bien dónde estoy exactamente. Y eso me parece bien.
Es una mezcla que suma. Cada lugar me ha dejado algo distinto. Y el monte me ha dado el espacio para llevarlo todo a la vez.
El monte no es un obstáculo para trabajar. Es una elección. Una forma de decir que el trabajo no tiene que estar en el centro de todo.
Si quieres saber más sobre lo que el monte me ha dado, puedes leerlo aquí.

