Cuando has construido un concepto, lo último que necesitas es preocuparte por cómo se ejecuta.
Un concepto bien ejecutado llega hasta la última página sin perder su lógica. La tipografía respira, los márgenes se mantienen, la relación entre texto e imagen es coherente de principio a fin. El trabajo que hiciste al principio sigue reconociéndose al final.
Cuando hay una duda, recibes opciones. No decisiones tomadas sin consultarte. El concepto es tuyo y sigue siéndolo.
Cuando el contenido no encaja, se te presenta el problema antes de que nadie lo resuelva por su cuenta. Bajar demasiado el interletraje, reorganizar páginas sin avisar, forzar lo que no cabe. Nada de eso. Una pregunta, y tú decides.
Y cuando el proyecto termina, recibes un archivo InDesgin que tú mismo o cualquier colaborador puede retomar sin rehacerlo desde cero. Estilos nombrados con coherencia, gabarits organizados, fondos perdidos previstos, sin residuos inutilizados. Un archivo que es una herramienta, no un problema.

Eso es lo que ganas. Tiempo, coherencia y tranquilidad.
Si quieres saber más sobre qué es la maquetación editorial, puedes leerlo aquí.
