Durante mucho tiempo no ofrecí ilustraciones personalizadas. No porque no me gustara la idea, sino porque quería encontrar una forma de hacerlo que tuviera sentido para mí.
Y la encontré.
Tú me cuentas qué quieres ilustrar. Tu mascota, tu casa, una planta, un paisaje, una persona. Me traes fotos, referencias, lo que necesite para entender bien el tema. Y a partir de ahí trabajo. Con mi interpretación, mi estilo, mis decisiones.
Te presento la ilustración terminada. Si te gusta, la pagas. Si no te gusta, no pagas.
Es así de sencillo porque creo en lo que hago. Y porque una ilustración que no conecta con quien la encarga no tiene sentido para ninguno de los dos.
Si tienes algo en mente, cuéntamelo.
