Trabajo en francés y en español. No es solo cambiar de idioma. Es habitar dos espacios distintos a la vez.
En francés está mi formación, mis clientes de maquetación, mis herramientas. InDesign lo aprendí en francés y lo he dejado en francés. Los menús, los atajos, los nombres de las funciones. Es el idioma de mi oficio.
En español está mi vida, el monte, el día a día. Y poco a poco, también algunos encargos de ilustración.
En francés el tuteo llega tarde. Hay un recorrido que hacer antes de que la relación se relaje. En español el tú aparece desde el primer mensaje.
Y luego está lo que pasa por dentro. Según el idioma en que escribo, el tono cambia. No es traducir, es pensar de otra manera. En francés soy más precisa, más estructurada. En español soy más directa.
Sueño en los dos idiomas. A veces en el mismo sueño.
Y luego está el valenciano. Lo entendí de pequeña, lo entiendo hoy. No lo hablo porque en castellano me entienden, pero desde que he vuelto a Castellón me acompaña a diario. Es una música más que un idioma. Una madeleine de Proust. Algo que reconozco sin haberlo aprendido del todo, y que me dice que estoy en casa.
Las dos lenguas son mías. Las tres, en realidad.
Si quieres saber más sobre cómo he llegado hasta aquí, puedes leerlo aquí.
