
Dibujar es mi forma de mirar. Pero hay otras.
La inspiración para ilustradores no siempre viene de mirar ilustraciones.
Tengo el ojo entrenado en la fotografía analógica, el blanco y negro, la composición, a veces el desenfocado, a veces lo quemado. Esa magia que pasa cuando la imagen no es perfecta y por eso es más real.
Me inspiran los objetos. Las personas. Los animales. Las flores y las plantas que crecen alrededor de casa. La naturaleza no como decoración sino como presencia constante.
Leo a Perec, a Boris Vian, a Koltès, a Neruda, a Lorca, a García Márquez. Poesía sobre todo. Textos que hacen con las palabras lo que yo intento hacer con las líneas, ir a lo esencial, no explicar de más.
Escucho jazz, a Jacques Brel, Radio Futura, Rita Mitsouko, The Police, The Cure. Música que tiene carácter, que no pide permiso.
Y cocino. A mi manera, improvisada, sana y sencilla. Sin receta fija.
No busco inspiración de forma activa. No me siento a buscarla. Aparece cuando paseo, cuando cocino, cuando escucho música sin hacer nada más. Cuando observo algo cotidiano y de repente lo veo de otra manera. Cuando me siento en una cafetería rodeada de ruido urbano.
Eso es lo que luego aparece en el papel. No siempre se ve de dónde viene. Pero está ahí, en la forma de componer, en lo que elijo mostrar y en lo que decido dejar fuera.
Todo eso está en algún lugar de lo que dibujo. No siempre se ve, pero está.

