No es disciplina. No es rutina. No es productividad.
Es que si no dibujo, me falta algo. Como cuando sales a caminar y vuelves diferente, aunque no sepas exactamente qué ha pasado.
Empecé como todos, de pequeña. Luego, en todos los apuntes de clase, en clase, siempre, personajes garabatos en los márgenes. Sin querer. Sin planificarlo. Y ha sido en la escuela de artes aplicadas en París donde algo ha cambiado. Observar dibujando el entorno, sintetizar lo que se ve.
Trabajo siempre con rotulador y cuadernos de hojas blancas. No poder borrar es una decisión. Si algo falla, vuelvo a empezar. Y dibujo rápido, sin ir al detalle, buscando la comprensión global antes que la precisión.
Tengo tres formas de dibujar. Una es observar algo cotidiano, un objeto, una planta, una mascota, y sintetizar con lo esencial. La otra es coger el rotulador y dejar que aparezca un personaje. Sin referencia, sin plan. Un automatismo. Y la tercera es ilustrar un concepto, darle forma visual a algo que existe solo en la cabeza.
En Instagram alterno las tres.
Tout se dessine. Tout s'illustre.

